jueves, 27 de julio de 2017

Hoy soñé...

Hoy tuve un sueño que me impresiono mucho.
Estaba con mi hermano, quien se veía como cuando tenía diez u once años, jugábamos con otros niños de esas edad. Alguien grito que el juego iba a empezar, un grupo como de cuatro niños llegaron con una bolsa grande semitransparente llena de quien sabe qué y los demás niños, veinte aproximadamente, corrían despavoridos. Mi hermano me jalaba pidiéndome que corriéramos... 
Entonces el juego comenzó, aquellos niños sacaban de su bolsa lo que podría llamar petardo o pequeñas bombas caseras y las lanzaban con gran destreza a sus objetivos: los demás niños. Yo corría tanto como podía llevando a mi hermano, al voltear la mirada para ver si me estaba alejando como quería pude ver el momento justo en que una de esas explosiones le arrebataba la mano a un niño; cuerpos tirados, mutilados, alcanzados por la explosión, sangre y humo por igual. En nuestra huida corríamos por unos callejones muy estrechos y entre la multitud perdía a mi hermano, los demás niños que buscaban huir me iban empujando a donde corrían. Llegué sin saber como a un pequeño patio y logré esconderme en unas escaleras en el momento justo en que entraban dos niños a la carrera, presa y cazador, veía como uno acorralaba al otro y le hacía sostener un explosivo en su pecho, cerré los ojos y me dispuse a correr con la guía de una señora que había visto lo sucedido pero al momento de intentar huir el pequeño asesino me veía, iba tras de mi, me gritaba que sí quería vivir jamás tuve que empezar a jugar... Yo sólo pensaba que tenía que llegar a la base, sabía que al llegar todo terminaría, cuando estaba por llegar a la ventana por la cual saltaría el niño me daba alcance y comenzaba a agredirme con una navaja, yo estaba en shock, no lograba comprender cómo es que existía tanto odio en ese pequeño no mayos a 11 años. Desperté de mi sopor y me defendí como pude, recuerdo que lo tomaba de sus brazos y lo lanzaba contra una duela contra la que se pegaba en su cabeza, decía que no podía moverse pero yo no creía en él, yo estaba cubierta de sangre de las heridas que él me había infringido, lo veía solo una vez antes de lanzarme por la ventana y caer por unas tejas, y parar ese maldito juego
Cambiaba la escena y era unos meses después, estaba sentada y veía a alguien entrar con aquel niño en silla de ruedas, él tenía decenas de marcas en su piel producto de una enfermedad. Recuerdo que él decía que eran Gandhis y eran por todo lo que había hecho.

Desperté con un dolor de cabeza intenso y las manos entumecidas.